Cuento

Concurso de cuentos #fotocuento – Semana 10: Una fotografía

 


Soñar despierta no es algo que suelo hacer. Tengo los pies bien puestos sobre la tierra.  La fantasía y los sueños, se han hecho para personas débiles, aquellas que necesitan crearse mundos imaginarios para poder lidiar con  la realidad de una vida mediocre y a veces sin sentido. Claro que tengo metas, como todos, pero soy realista , conozco mis límites. ¿ A qué viene todo este preámbulo?, se preguntarán y con justa razón. No quiero que me juzguen con demasiada dureza, que me malinterpreten, por eso es necesario que estén al tanto de como suelo ser en condiciones normales.

A veces el comienzo es lo más difícil de definir. Puede que acabe obviando algún detalle crucial, algún puente que no terminé de traspasar y fuera, justo, lo que me trajo a donde estoy ahora. Seguramente voy a dejar muchos cabos sueltos, preguntas que ni yo puedo responder. Como sucedió con la fotografía que hallé al hojear las páginas de un libro, en los estantes de un librero de viejo.

En realidad no tenía nada de especial, un lago, algunos botes y el cielo de un azul espléndido; como dije nada de especial, sin embargo al verlo me produjo un cosquilleo en el estómago, como las que producen las alas de mariposas revoloteando, en su afán por escapar. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. En mi memoria se abrían paso imágenes, recuerdos, al menos algo que parecían recuerdos y la sensación extraña de un conocimiento que antes no estaba ahí, que era imposible que estuviera. Pude reconocer las casas que se veían en la otra orilla, los veleros, hasta ese cielo azul tan claro y sereno, por eso la contradicción, la irrealidad, ¿ Cómo podía ser posible sí nunca había traspuesto los límites de la ciudad?.

Me quedé contemplando la fotografía, como sí en ella se escondieran las respuestas, pero cuanto más la miraba más recuerdos iban asomándose, trayendo consigo un bagaje de sensaciones, rostros y lugares. No sé cuanto tiempo estuve en esa actitud, lo siguiente que recuerdo es al dependiente preguntándome sí estaba interesada en adquirirlo. Lo miré aterrada, estoy segura y luego de devolverle el libro salí corriendo del lugar. Aún hoy,  me es imposible pasar cerca de ahí sin que me tiemblen las manos. Por eso en resguardo de mi salud mental, he optado por el silencio.Ese mecanismo protector. Además no suelo soñar despierta. Además…


Nota: la fotografía es cortesía de @rahesi , la organizadora del concurso

 

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