Cuento

Concurso de cuentos #fotocuento – Semana 9: Pasaje de ida.

 

Hola amigos, por fin pude terminar a tiempo un cuento para presentarlo en el concurso que organiza nuestra amiga @rahesi, que semana a semana va adquiriendo nuevos adeptos. ¡Cuanto talento tenemos en Steemit!, la última semana se han presentado trabajos excepcionales y estoy segura que evaluarlos y escoger los ganadores debe haber sido una tarea bastante complicada para la organizadora. Desde aquí va mis felicitaciones a @amigoponc ; @oacevedo y @pedrojesus , quienes obtuvieron con sus cuentos las máximas preseas. 


Había empezado a leer el libro unos días antes. Lo dejó por los exámenes de fin de curso y volvió a abrirlo cuando regresaba en bus.

Mientras el auto continuaba avanzando se dejó atrapar por la trama, y no se percató que había empezado a llover. Absorbido por las palabras,  sumergido en esa realidad ficticia, con color y movimiento propio, que línea a línea habían logrado alejarlo de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba en el vidrio de la ventanilla, que más allá el atardecer caía sobre la acera y los árboles de un camino sin secretos fue testigo de amores y desvaríos, de desafiantes héroes y repulsivos villanos . Sus manos pasaban las páginas con avidez,  y ya no era el estudiante que acababa de dar su último examen y sobre quien pendía el dilema de continuar, era ahora el héroe, el villano, esa dicotomía que subyuga lo iba sumergiendo en ese placer casi perverso del olvido. Poco a poco la luz mortecina de la tarde se fue diluyendo hasta que sólo quedó la noche, interrumpida por la claridad escueta de los faroles, dispuestos cada vez más alejados entre sí.

La falta de ruido lo despertó de ese letargo; levantó la cabeza que aún mantenía apoyada sobre el vidrio y a pesar de que las gotas de agua nublaban la visibilidad, pudo percibir que había llegado a una zona que no conocía. Lejos habían quedado las tiendas con sus grandes letreros luminosos, el ir y venir de los autos con el repique intermitente de sus bocinas, sólo una hilera de árboles y una que otra casa, al fondo  únicamente una pasmosa oscuridad. Se levantó de su asiento como impulsado por un resorte, pensó que aún había tiempo, que podía bajar y subir en el bus de retorno y  que en 15 o 20 minutos estaría de regreso. Avanzó lo más rápido que pudo por el pasillo y le dijo al conductor que necesitaba bajar, que necesitaba regresar. El hombre que conducía lo miró con extrañeza primero y luego con  enfado le aseguró que era imposible detenerse. Que dejarlo ahí, era un riesgo que no pensaba correr. Lo miraba como sí estuviera loco y lo conminó a regresar a su asiento. Asegurando que temprano llegarían a su destino. Estaban a cientos de kilómetros del lugar de donde había partido.

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